30.9.09

Miro

Hay casos y casos. A veces con una primera mirada alcanza y sobra. No hace falta consultar ni preguntar: esa primera impresión lo dice todo. Otras veces, lleva más tiempo. Observar, mirar, contemplar desde lejos, un vistazo de reojo...

A veces la mirada se queda clavada, fija, no se puede mover del objeto de foco. El objeto de apreciación se contempla nítidamente, sin sombras ni fantasmas. Otras veces cuesta más, hay que mirar y re-mirar hasta que se ve lo que antes no se había visto, que puede ser, con suerte, algo maravilloso, o con desgracia, una tremenda porquería.

Y si al mirar uno se da cuenta de lo que implica el acto, la profundidad, lo que hay adentro de eso/alguien que se mira, es cuando se es conciente de que no hay vuelta atrás. Mirar así, no de otra manera.

No importa el ruido de fondo, ni los planteos filosóficos, ni siquiera los sentimientos. El puro acto de mirar es, en sí, un todo completo.

1 comentario:

Julita dijo...

Muy bueno. Me pareció genial.